¿Cómo, cuándo, dónde? Tal vez estoy afanado al sentimiento de no volver más a 26. Soy un infeliz apoderado de una buena vida, que no supe apreciar tal cual ha sido benévola conmigo. No estoy dispuesto a seguirle dando brillo a recuerdos de antaño, oxidados, llenos de moho, que guardados en bajo el colchón, han ido empolvándose de a poco y que han ido tomando olores de que algo ha estado descompuesto.
Tramo desde mis adentros mil formas de acabar con esta locura. No se me ocurre nada. Tal vez el estupor de que lo peor a pasado, la mayor traición de todas se ha concretado, me deja sin un respiro en el alma y me invoca locamente al deseo de perder mi subconsciente y entrañarme en ese viaje duradero, que me llevará con otros que han partido ya y que, al no tener un código postal en donde se encontrasen, no he podido decirles cuánto les he extrañado.
Sé lo que quiero. Volver a mis inicios y comenzar nuevamente en esta vida, madurado, no viciado. Sé cómo lo quiero. Quiero partir al fin del mundo y estando a unas horas de finalizar mi viaje, perderme en los adentros del agua congelada para no volver jamás.
Veo dentro de mi cabeza y pregunto con vehemencia si me he vuelto loco. La respuesta es un no rotundo. Consciente soy que la depresión me embarga mas sin vuelta de hoja soy una persona cuerda.
Partiré a lo desconocido despidiéndome de lo que más he amado. Me iré sin rumbo a ningún lugar sin avisar de mi destino, pues no querré que encuentren mi cuerpo ya maltrecho. Te advierto que el día en el que no me encuentres, será el día que he planeado mi partida a la fantasía.
Espero acompañarlos pronto.
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