El último aliento.

Y, llegando al final,
Mi hogar ya no huele igual,
Mi amor de piedra está.
Las plantas marchitas, sin fuerzas
Duermen, para siempre;
No hay nada por lo cuál regresar.

Desesperado, abatido, moribundo;
Mi cuerpo yace, eternamente;
De escarlata el piso ha dibujado
El reflejo de las fotografías,
Sonriendo desde la pared.

No es tiempo de regresar...

Comiendo vidrio

Como es usual el cuerpo se agita y de golpe levanta, enderezando la espalda abruptamente. Estaba allí, tendido en el sofá después de un largo sueño. ¿Las 22:00 ya? Veloz pasa el tiempo.

Sentado en el piso de mi casa, como cuando hago mis fotografías, lidiaba con un platillo que no quería comer. Una mezcla pastosa sin gusto, pero con un regalo inesperado, tenía vidrios rotos en él; minúsculos, imperceptibles a la vista, pero deshacían en la boca como arena. Sangraba en abundacia y no podía parar de comer. Caídan los dientes y las encías molidas, escupía un borbollón y cucharada a la boca, no paraba. En el momento pensaba que moriría, pues mi estómago se flajelaba, pero no sentía dolor alguno que motivara a parar la travesía.

Allí fue cuando desperté.

Nuevamente traigo al recuerdo tan extraño sueño y analizo el por qué estremece mi cuerpo. No pensaba en el momento y claramente no moría. Deduzco que viene a mi cabeza por una sola razón, pues las palabras pesan como balas de cañón.

Hoy salgo de mi casa con una nueva enseñanza. Las palabras hieren, así mi boca lastimada quedaba. Espero que todo lo dicho se lo lleve el viento cuando en el futuro, mirando hacia el horizonte, recordemos los momentos ásperos que hicieron, en avalancha, apuñaláramos nuestras almas juveniles y con gozo, riamos, pues lo aprendido como un clavo escondido en la madera, dejará su marca para toda la vida.

Y aquí estoy yo riéndome, pues a esta escena, le prepararé una fotografía.

Me morderé para aguantar

Noche de tragos, tarde en mi casa ya, la fiesta había durado más de lo que debía; era de madrugada ya y ahí yacía somnolienta, pero esperándome a desear una buena noche. Pronto la vería partir y ambos lo sabíamos, pero estábamos cansados de nosotros mismos, completamente inmutados ante los problemas que nos majaban el hocico.

Pensé, muchas veces, pero nunca terminé de decidirme, en decirle: "No vayás". Eso significaría "atarla" en su "sano" juicio, para complacer mi deseo, y un par de meses de berrinches y lloriqueos lastimeros seria la paga sin duda alguna.

Cuantas cuchilladas, crucifixiones, latigazos, heridas y juicios nos hemos dado; cuanto hubiésemos evitado esta catástrofe si te hubieses quedado, guardando la sensatez de lo que partir cuatro meses significaban. La avalancha de mierda termina de hundirnos más en la miseria de la relación y la lejanía nos inmuta, nos hace creernos el culo del mundo y desechamos todo porque nos parece fácil.

Sí, hoy ya no me duele nada y mañana no sabré, pero nos agradeceremos cuando la sobriedad inunde nuestros corazones. Talvez nos lamentaremos, pero podremos recuperarnos y "des"acostumbrarnos a esta relación.

Resumo un mes de espera de cosas que pasaron y no volverán, y me despido de 3 años de mi vida que van por el desagüe y lo espera algún mierdero lejano.

Como dice La Vela Puerca:

"Hoy asume lo que venga, sea para bien, sea para mal;
 y aunque pierda lo que tenga, se va morder, para aguantar.
Hoy que claro ve las cosas, que ayer no vio ni va exigir;
Quiere entender, para seguir"

Hoy te digo adiós, sí, porque el amor trata de dar felicidad a la persona amada. Que encontrés lo que buscás y que seás feliz, aunque no sea conmigo ni yo con vos.

Mi viaje

Hoy he decisido tomar mi próximo viaje a lo desconocido y como nunca antes, encontrarme nuevamente, sumido en el deseo que genera poder embarcarse en un largo recorrido.

He tomado la decisión de irme al culo del mundo. He dado miles de vueltas en mi cabeza y qué mejor opción que perderse en lo remoto, en lo efímero de lugares sin precedentes. Nunca estuve ahí ni sabía que existia, ahora me embarga el deseo de enrutarme sin razón alguna.

-¿Cómo hacerlo especial?- me decía a sí mismo en el asiento de un bus. Buscaba explicaciones a mi locura y no encontraba un porqué para no hacerlo. Y sí, llegué a la conclusión de que el fin del mundo es lo que me espera.

Tierra de fuego, ahí voy.

Secreción de locura

¿Cómo, cuándo, dónde? Tal vez estoy afanado al sentimiento de no volver más a 26. Soy un infeliz apoderado de una buena vida, que no supe apreciar tal cual ha sido benévola conmigo. No estoy dispuesto a seguirle dando brillo a recuerdos de antaño, oxidados, llenos de moho, que guardados en bajo el colchón, han ido empolvándose de a poco y que han ido tomando olores de que algo ha estado descompuesto.

Tramo desde mis adentros mil formas de acabar con esta locura. No se me ocurre nada. Tal vez el estupor de que lo peor a pasado, la mayor traición de todas se ha concretado, me deja sin un respiro en el alma y me invoca locamente al deseo de perder mi subconsciente y entrañarme en ese viaje duradero, que me llevará con otros que han partido ya y que, al no tener un código postal en donde se encontrasen, no he podido decirles cuánto les he extrañado.

Sé lo que quiero. Volver a mis inicios y comenzar nuevamente en esta vida, madurado, no viciado. Sé cómo lo quiero. Quiero partir al fin del mundo y estando a unas horas de finalizar mi viaje, perderme en los adentros del agua congelada para no volver jamás.

Veo dentro de mi cabeza y pregunto con vehemencia si me he vuelto loco. La respuesta es un no rotundo. Consciente soy que la depresión me embarga mas sin vuelta de hoja soy una persona cuerda.

Partiré a lo desconocido despidiéndome de lo que más he amado. Me iré sin rumbo a ningún lugar sin avisar de mi destino, pues no querré que encuentren mi cuerpo ya maltrecho. Te advierto que el día en el que no me encuentres, será el día que he planeado mi partida a la fantasía.

Espero acompañarlos pronto.

Mi canción del viernes

"Solo en la vida nunca voy a estar
Mi novia la priva me acompañará,
Whisky, vodka, birra, o ron,
En botella o garrafón"

Mademoiselle, au revoir! Por hoy, quedarás en el desierto del olvido, opacada por los aromas de la más dulce cerveza. Los recuerdos desaparecerán, todos se sentirán mejor y reirán, en compañía reirán.

Principessa, ciao! Por una tarde, las aguas se apaciguarán y romperán las angustias infiltradas en pedazos. Los sentidos se empañarán, galopando al unísono de un trago tal cual libertad consigue en los campos.

Danke, Miene Liebe! Por no estar acá.

108

Ciento ocho cartas, ciento ocho días,
Ciento ocho lamentos, ciento ocho alegrías.
Ciento ocho parajes que perder en la memoria,
Ciento ocho veces romperé mi pluma.

Ciento ocho veces te recordaré con locura,
Ciento ocho veces serás testigo,
Ciento ocho veces romperás mis reglas,
Y violarás sin pensarlo mis juramentos.

Ciento ocho veces estarás rompiendo en mil lamentos y leerás con detenimiento mis palabras, porque en ciento ocho días todo cambia, y viene el baile de alegría donde me verás, como un loco vagabundo, danzando sobre las nubes.