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Ciento ocho cartas, ciento ocho días,
Ciento ocho lamentos, ciento ocho alegrías.
Ciento ocho parajes que perder en la memoria,
Ciento ocho veces romperé mi pluma.

Ciento ocho veces te recordaré con locura,
Ciento ocho veces serás testigo,
Ciento ocho veces romperás mis reglas,
Y violarás sin pensarlo mis juramentos.

Ciento ocho veces estarás rompiendo en mil lamentos y leerás con detenimiento mis palabras, porque en ciento ocho días todo cambia, y viene el baile de alegría donde me verás, como un loco vagabundo, danzando sobre las nubes.

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