Noche de tragos, tarde en mi casa ya, la fiesta había durado más de lo que debía; era de madrugada ya y ahí yacía somnolienta, pero esperándome a desear una buena noche. Pronto la vería partir y ambos lo sabíamos, pero estábamos cansados de nosotros mismos, completamente inmutados ante los problemas que nos majaban el hocico.
Pensé, muchas veces, pero nunca terminé de decidirme, en decirle: "No vayás". Eso significaría "atarla" en su "sano" juicio, para complacer mi deseo, y un par de meses de berrinches y lloriqueos lastimeros seria la paga sin duda alguna.
Cuantas cuchilladas, crucifixiones, latigazos, heridas y juicios nos hemos dado; cuanto hubiésemos evitado esta catástrofe si te hubieses quedado, guardando la sensatez de lo que partir cuatro meses significaban. La avalancha de mierda termina de hundirnos más en la miseria de la relación y la lejanía nos inmuta, nos hace creernos el culo del mundo y desechamos todo porque nos parece fácil.
Sí, hoy ya no me duele nada y mañana no sabré, pero nos agradeceremos cuando la sobriedad inunde nuestros corazones. Talvez nos lamentaremos, pero podremos recuperarnos y "des"acostumbrarnos a esta relación.
Resumo un mes de espera de cosas que pasaron y no volverán, y me despido de 3 años de mi vida que van por el desagüe y lo espera algún mierdero lejano.
Como dice La Vela Puerca:
"Hoy asume lo que venga, sea para bien, sea para mal;
y aunque pierda lo que tenga, se va morder, para aguantar.
Hoy que claro ve las cosas, que ayer no vio ni va exigir;
Quiere entender, para seguir"
Hoy te digo adiós, sí, porque el amor trata de dar felicidad a la persona amada. Que encontrés lo que buscás y que seás feliz, aunque no sea conmigo ni yo con vos.
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