Relato de un seudónimo (1st part)



“Sentado completamente solo, en una avenida importante, la multitud pasa y él sueña, despierto; la noche le acompaña y aquél que lo ve piensa solamente que es, un anónimo…”


“La vida exige mucho”- se dice a sí mismo –“¿cómo sobresalir avante?”. Sentado allí reflexiona sobre su ser, instante en el que se aconseja a sobrevivir como uno más, ¿o por encima del promedio?

-“¡Qué congoja, dios!”- repite una vez más; sus miedos traicioneros le animan a seguir aunque su ideal se ha desboronado. Sus sueños le hicieron caer en el fracaso y está solo, nadie le ve.

Sus propias sombras del pasado le atormentan como fantasmillas de grises tonos, de esos que salen bajo la cama; no fue lo suficientemente bueno para lograr sus objetivos, esos que tanto añoró. Tal vez, le faltó ser más claro al hablar, de ser proactivo, de ser un poco más humano. Su abuelo miles de veces le dijo – “Hay tres formas de barrer: no barrer, barrer bien y barrer, trapear y ordenar” ¿qué fue lo que hice mal? ¿Fui uno de los que no barrió, o de los que barrió tan simplemente bien que no notaron quien era yo?- Ha pasado lo mismo con esta muchedumbre, le han ignorado. Tan sólo su seudónimo es recordado por sus padres, pues ellos se lo dieron “de pila” en cuanto nació; ¿y los amigos? Son simplemente amigos...

-“Me han tomado de los tobillos en cuanto crecí, en cuanto ellos vieron que me elevé. ¡Ay de mí, qué tonto he sido! ¡Me he dejado caer! Las manos de esos hombrecillos en mis piernas han hecho que golpee mi cara contra el suelo, ¿cómo haré para levantarme?”- se preguntaba constantemente, más hoy, sentando en ésa avenida, el recuerdo se hacía áspero y le golpeaba en la sienes.

-“Me elevé cual tierna mariposa en cuanto salí de mi capullo y volé hacia el luminoso horizonte, empezado el alba de una calurosa mañana de enero”- detallaba; hacía tiempo que caminaba por el suelo aún teniendo alas. Tiempo atrás se percató que la fama existía, que el logro de objetivos era importante y le seducía el éxito. Tanto se impuso sobre la razón, que se inculcó la tarea de elevarse al cielo dedicándose al desenfreno desesperado de sus primeras pasiones. Dejó de ser un buen hijo, un buen amigo y un buen padre; “-El precio del éxito-“respondía, ante el abandono de su vida.

Empezó cavando un agujero buscando un tesoro y terminó por ahogarse en un pozo, en el pozo de sus pasiones. Aún así, le extendían los brazos para ayudarle, pero eran tan cortos como para alcanzarles. Él mismo cavó su tumba.

-“Nací, crecí, me desarrollé, me reproducí…y falta una fase esencial”- se lamentaba. Su habitación, cálida pero oscura, era su salvación en este lamento. Tiempo atrás colgó de una viga fuerte un cable plástico, cedió en cuanto se subió. Intentó con un cable eléctrico; con necesitad de herramientas pudo atarle fuerte a la viga e hizo el amarre ideal para la zona del cuello, ¡este había quedado perfecto para en cuanto la decisión floreciese!

Sus conocidos le habían abandonado, últimamente no los veía y no respondían a sus constantes correos o mensajes. –“He sido duro con ellos; les di mi espalda en cuanto me necesitaron, les obligué a cosas indeseables, les traicioné y los boicotee. Soy solamente un seudónimo para ellos”- flagelaba su alma recordando con desprecio aquello que no se permitió hacer.



Soñaba despierto en cuanto comenzó su lucha interna, sus amoríos pasados solamente eran eso, pasado. Su futuro era el lugar en donde vivir y había allanado tanto el camino que lo profundizó en un terrible vacío, tan hondo como un acantilado; ¿quién podría ir por él? Atesoraba sus éxitos tanto que se permitió regocijarse tanto en el pasado, que terminó por cansarse de su propio recuerdo. Aquél que le miró de reojo simplemente leyó en sus ojos una desesperación en un paisaje tan devastado que parecía que un tornado le había pasado por encima y había destruido sus cosechas y sus estructuras edificadas de antaño.

Hoy mismo se esperaba con ansias al anochecer un cable atado a una viga, o una de las tantas navajas de afeitar. Hoy todo reproche quedó en nada, por no la no satisfacción de las pasiones de forma cabal, de forma satisfactoria.

“Y emprendió su rumbo caminando tristemente hacia su amargo destino”

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