¡He despertado de mi sueño!, y me encuentro en un bar, son las tres de la madrugada y llevo cinco cervezas, un par de whisky's y unos cuantos cigarrillos, ¡no sé pues no importó la cantidad en su momento de satisfacción!, por eso la cifra puede ser ridícula o exagerada. Me detengo a pensar sobre el tiempo malgastado, pero no tiempo perdido pues lo he disfrutado en soledad.
Me encamino hacia cualquier lugar, pero no hacia mi hogar, pues hogar en mi no existe.
He caminado un par de cuadras por la acera, y se encuentra tan solitaria la carretera, tan vacía, tan llena de nada, tan llena de todo; ¡pero no estoy solo!, se encuentra la luna, el viento y la música; esa música de autos, de obscuridad, de mis pasos, ¡oh, mis pasos!, ¿hacia dónde me han llevado?, sólo ellos saben hacia donde se encuentra el límite de mi fuerza y mi desesperación por encontrar el objetivo, esa meta de la cual la inseguridad se ha hecho verbo; y la duda me hace titubear, me desmorona... y me llevan a comprar amores, amores de burdel, de una sola noche o unas cuantas horas.
Me detengo sobre las líneas férreas, y logro distinguir en mí el bien y el mal, ¿podrá darse a notar algo tan subjetivo?, en todas las personas es distinto. Y los vicios me acompañan y ponen en mi sien su arma letal. Y ese bien me hace vil, y ese mal me hace grato el vivir, pues son mis "pecados" lo único bueno que he pasado.
He olvidado todo sobre nada, y ese nada para el vulgo es todo; el vulgo me acompaña por estar yo un poco loco, pero esa locura me ha llevado al límite de la pesadez, y han elevado mis virtudes tanto así como mi ego. Y la locura de la que se habla invade mi alma y me pide soledad, solicita a gritos callar el bullicio de esos perros rabiosos llamados "amigos", que para ser amigos se comportan como traidores, como enemigos... ¿No son nuestros enemigos nuestros mejores amigos?, son ellos los que señalan los defectos y nos hacen crecer, son ellos los que nos hacen ver el camino; ¿y nuestros amigos?, son los únicos que maquillan la verdad y en muchos momentos os hacen caer.
¿Son las siete o pueden ser las seis?, ¡da igual!, las horas no se distinguen si se camina sin reloj; es tan insípido el tiempo y las obligaciones que trae consigo que es mejor dejarlo en casa por un tiempo. Él nos pide estudios, nos pide un trabajo, nos pide ser sociales y hasta nos pide la vida, pero, ¿cuándo nos permitirá pensar?; pero no matéis al tiempo, está allí por esas cosas de la vida.
¡He despertado nuevamente!, ¿dónde estoy?. Es mi habitación, mi barrera, mi lugar de orden donde todos ven desorden. Pero ese desorden me permite odiar menos la pulcritud de sus vidas aburridas, de sus llantos y problemas que no necesito; es ese desorden el que me mantiene en esa línea, en esa frontera de mis ideales, de mis sentimientos, de mis anhelos y mis virtudes para con los otros.
Written by JmendezG.
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